
A quien lea estas líneas… Un pergamino se encuentra en muros y tablones de algunas ciudades y aldeas de Azeroth…


Han pasado meses desde que Aelara regresó del exilio y decidió levantar de nuevo los cimientos de la Alta Torre, la antigua orden de magos que antaño defendía el equilibrio arcano entre reinos. Junto a Marceline y Adriana, ha establecido un pequeño refugio en la Estación Punto Este, un lugar discreto, silencioso y rodeado por el sonido constante del mar.
En los primeros días, todo parece tranquilo: se catalogan grimorios, se ordenan frascos, se limpian los viejos tapices que aún conservan el símbolo de la Torre.
Hasta que una mañana, un comerciante del puerto —un hombre llamado Nathren Cole, mercader de antigüedades— llama a la puerta…

No he regresado para reclamar viejos títulos ni para alzar mi voz por encima de la de otros/as.
He regresado porque la llama de la Alta Torre sigue ardiendo dentro de mí, y porque sé que, aunque parezca apagada, en algún rincón de cada corazón que la conoció aún brilla un rescoldo.
La Alta Torre nunca fue solo una hermandad de rol.
Sino fue y quiere volver a ser un hogar: un lugar donde descansar del ruido de fuera, donde encontrar apoyo más allá del juego, donde compartir historias, risas y silencios. Un sitio donde no se juzga, donde hay complicidad, donde uno puede refugiarse del cansancio y la toxicidad del día a día.
He sentido el peso de caminar casi sola, intentando proteger recuerdos de amigos/as personajes, la hermandad que fue nuestra, así como de huella de otras hermandades que ya no están y aún así, levantar sueños cuando las manos escaseaban para ayudarme. Pero hoy quiero deciros esto: no me rindo.
No regreso con orgullo ni con reproches, regreso con ilusión, con humildad y con el deseo sincero de volver a compartir lo que una vez nos hizo sentir parte de algo mayor. Sobre todo ahora en estos tiempos que vivimos, bastante dificiles en la realidad del día a día.
La Alta Torre no es mía. Es de todos/as los que la hicieron posible y de todos/as los que quieran sumarse hoy, aunque sea con pequeños pasos.
Aunque solo seamos unos/as pocos/as, aunque lleguemos a tientas, si hay verdad y cariño en lo que hacemos, será suficiente, no pretendeo que seamos el pasado, sino el futuro de algo mejor, y un refugio.
A quienes lean estas palabras:
No os pido constancia perfecta ni sacrificios imposibles, solo os invito a soñar juntos otra vez.
A traer vuestras historias, vuestra creatividad, vuestras ganas de vivir el rol como un refugio, como un hogar.
Si vienes con corazón abierto, la Alta Torre te recibirá.
Si alguna vez formaste parte y aún guardas cariño, recuerda que las puertas no están cerradas, fueras parte de la hermandad como tal, o si formaste parte de otra pero disfrutaste o trabaste amistad con nosotros/as.
Hoy no prometo grandezas ni números porque tampoco me interesa eso, prefiero que seamos pocos/as y estemos unidos y disfrutemos que muchos divididos. Prometo solo poner mi esfuerzo y mi fe, aunque a veces me falte apoyo, aunque haya días en que me sienta sola.
Prometo no rendirme mientras haya un solo eco que responda a mi llamada.
Porque la Alta Torre no es solo un edificio ni una hermandad. Es un lugar en el alma de quienes creen que aún es posible construir juntos.
— Aelara Satella Piroleña

Durante años callé. La Alta Torre sufrió mucho antes de que la Cuarta Guerra llegara a su fin: traiciones que desgarraron nuestra confianza, la sombra de Lord Feldhor, y finalmente la maldición que oscureció nuestras salas. Nuestra sede en Villa Darent’Hel, que un día fue hogar de conocimiento, camaradería y esperanza, cayó bajo esa corrupción y quedó maldita. Allí donde se alzaban muros orgullosos, hoy solo habitan el silencio y el recuerdo.
Hoy escribo estas palabras con la certeza de que la sede que una vez conocimos ya no existe. La Alta Torre no tiene ahora muros, ni biblioteca, ni salas de investigación que ofrecer. Y sin embargo, sigue viva en los símbolos y en el corazón de quienes aún creemos en ella.
No estoy sola en este paso. Lady Suzu, con gesto silencioso y firme, me devolvió el anillo de la Orden que yo misma había renunciado a portar tras tantas desdichas. Sir Loth de Orkney, con sus palabras, me recordó que la confianza y la determinación pueden encender de nuevo la esperanza. Y el recuerdo de Lady Zharelia, guardiana de nuestra biblioteca y custodia de la sala de artefactos, me impulsa a buscar su paradero. No puedo imaginar un futuro de la Torre sin ella.
Sé bien que ahora apenas cuento con nadie, salvo el aliento de mis amigos y amigas, y mi propia ilusión. Pero esa chispa basta. He decidido intentar refundar la Orden de la Alta Torre. No sé aún dónde estará nuestra próxima sede, pero la encontraré. Y cuando ese día llegue, volveremos a encender lámparas, a reunir voces y a abrir de nuevo las páginas de nuestra historia.
Invito a todo aquel que alguna vez caminó junto a nosotros, o que desee descubrirnos ahora, a tender la mano. Porque aunque la Torre de Villa Darent’Hel cayó y fue maldita, su espíritu no ha muerto.
— Lady Aelara Satella Piroleña
Maestra de la Alta Torre

Tras varios infortunios y la falta de medios y de personal de la Orden, la Maestra Lady Aelara, ordena a sus camaradas de la Orden, el regreso inmediato a la sede de la Alta Torre en los Reinos del Este, en los bosques de Elwynn.
Desde allí continuarían sus labores y reformularían la situación, adaptándose a las circunstancias.
En diferentes puntos concurridos de la ciudad portuaria de Boralus y de Ventormenta unos carteles han sido fijados en lugares visibles.

Mientras otros miembros de la Orden habían iniciado la búsqueda de una nueva tripulación, otros camaradas se habían decidido voluntarios a una expedición hacia la falda de las montañas del sur de Puesto de Arom, a unas antiguas ruinas conocidas como Gol Osigr. Así fue como el erudito Maese Hydrargiros, y la recién unida a la orden, la joven Isa Ventura diestra en el arco, encabezados por Lady Suzu como escolta y protección junto algunos miembros de su casa, iniciarían la búsqueda tras algunas palabras con la joven Maestra Lady Aelara quien no podría acompañarles debido aún a su estado de salud.

La misión era clara, explorar lo posible en las ruinas de Gol Osigr con fines de investigación y encontrar cierta tablilla en base a las predicciones de Maese Hydrargiros , relacianadas con sus anteriores investigaciones en otra ruinas que había varios meses antes de la llegada del resto de la Orden a Kul Tiras.
De otro lado, allí buscarían respuestas sobre el origen y finalidad de aquel antiguo emplazamiento, así como posibles vestigios de sus antaño moradores, utensilios u artefactos, algo que arrojase algo de luz sobre los llamados Drust.
Habiéndose despedido de la Maestra, los aventureros de la expedición de Investigación Arqueológica partió por la vereda sur a las afueras del puesto de Arom, el camino hacia allí era bastante tranquilo, a pesar de la brisa y la bruma fría, pero los aventureros iban bien preparados contra las posibles inclemencias.
Tras varias horas de camino a través de caminos y veredas bajo el clima frío de montaña y la nieve lograron llegar hasta una colina, donde maese Hydrargiros intentó ver desde lo alto, su horizonte en la lejanía, el lugar donde deberían estar las ruinas marcadas en su mapa. Sin embargo la bruma era bastante densa, siendo difícil hasta para el vislumbrar las ruinas del asentamiento conocido como Gol Osigr, obligandoles a avanzar algo más hasta descubrir tras aquel frente fría niebla, lo que parecían los restos de un gran muro antiguo. En efecto, habían llegado a Gol Osigr, realmente, a pesar de unos pequeños errores de cálculo que fueron ajustados por el erudito.
Maese Hydrargiros parecía maravillado ante las ruinas frente a ellos, con ansias de desentrañar sus misterios u encontrar evidencias del pasado, por lo que el grupo no dudó en avanzar, y aunque a primera vista no parecía encontrar más que las evidencias obvias de las formas de aquellas construcciones de pronto, Lady Suzu pudo ver un tenue resplandor azulado al otro lado del muro entre oquedades,.
Así pues, Lady Suzu hizo un gesto para que todos fuesen tras ella hacia la otra cara del muro donde encontrarían un extraño obelisco.

Al encontrarse de frente con el obelisco, el erudito pudo ver claramente runas Drust, simbología grabada en el mismo, sin embargo también eran palpables el desgaste debido a las condiciones de gelifracción por el ambiente gélido del lugar. También pudieron percatarse de extrañas endiduras en la roca, y una semi hendidura donde posiblemente en otros tiempos alguna pieza pudo haber estado colocada sosteniendo algún tipo de objeto quizá.
Fue entonces cuando lady suzu se dio cuenta de que en lo alto del obelisco había una tenue luz azulada, la que les había hecho llegar hasta la otra cara del muro y por ello hasta el obelisco.

Maese Hydrargiros no dudó en preparar algunas de sus herramientas para intentar descifrar algo, de los dibujos y símbolos rúnicos Drust del obelisco y muros, pero lamentablemente el obelisco estaba dañado.
En un estudio algo más concreto de aquel resplandor azulado, Lady Suzu pudo reconocer reminiscencias espirituales, muy débiles, posiblemente por su antigüedad, el interés de todos creció ante el hallazgo, a lo que posteriormente en base a las investigaciones del erudito, éste explicó al resto de los presentes de que en base a sus investigaciones pasadas, había encontrado indicios de que de algún modo los Drust, habían llegado a darle vida a las piedras. Sin embargo, poco a poco se percatarían de que algo inusual había comenzado a ocurrir desde su cercanía al mismo. La joven Isa Ventura, estaba algo nerviosa, y expresó que tal vez, pese a su posible ignorancia sobre los Drust, quizá pudiese haber alguien dentro, o debajo de aquel obelisco.
Alguno de los aventureros llegaron a notar como el viento había comenzado a ulular, e incrementando su fuerza, sin embargo el erudito se percató de que las campanillas de su palo Jinyu no iban a la par que el movimiento del viento. Lo cual no tardó en hacer que todos se alertasen. A la vez que comenzaron a escuchar extraños sonidos traidos por el viento, risas en una lengua ininteligible no tardaron en escucharse en contadas ocasiones, al igual que un gruñido lejano.
De pronto, algunos de los presentes llegaron a notar una extraña presencia que pretendía imponerse, pero gracias a los esfuerzos de Lady Suzu y del propio erudito pareció desistir pese a que la fuerte presencia evitó que Lady Suzu pudiese crear una barrera defensiva, hasta que el palo de pronto ejerció una fuerte presión hacia el suelo quedándose de pie fijo, haciendo girar y girar y girar el bastón sobre si mismo, con sus sus campanillas vibrando y campaneando cada vez con mucha más fuerza hasta caer al suelo y comenzar a deslizarse por la nieve, pese a los intentos de sujetarlo de Maese Hydrargiros, finalmente el báculo se apartó de ellos a gran velocidad hacia la lejanía de otro complejo de ruinas en el horizonte, y con ello la fuerte presencia que les rodeaba.
La joven Isa Ventura no pudo evitar al ver lo sucedido expresar que tal vez había sido mala idea haber venido a aquel lugar. Cuando mirando hacia el rastro que había dejado el palo de Hydrargiros en la nieve, a lo lejos pudo ver una figura humanoide como quien fuese con una armadura hasta desvanecerse casi tan rápido como había aparecido, pero risas y lamentos arrastrados por el viento podían ser escuchados en el lugar, pero eso no hizo que los aventureros pese a la intranquilidad de la situación arrojasen la toalla, debían recobrar el báculo del erudito.
Los aventureros avanzaron hasta el otro complejo de ruinas donde algunos pudieron percatarse de un extraño árbol próximo, uno muy similar al que habían llegado a ver en los bosques de Drustvar, aunque este ya era un árbol muerto, sin vida alguna y mucho más antiguo conservado por el frío. Sin embargo de pronto escucharon las campanillas del báculo de Maese Hydrargiros, justo detrás de una columna de piedra en ruinas donde se perdía el rastro de la misma. Aquello no dejó indiferente a ninguno, quizá podía haber sido el viento, pero lo descartaron debido a lo sucedido durante aquella extraña presencia que les abrumó al haber visto como el báculo se había alejado hasta llegar allí.

Lady Suzu decididamente avanzó tras la columna y agarró el báculo tirado en el suelo, que se encontraba tras aquella columna y entonces al agarrarlo fue cuando lo vio, justo debajo de donde reposaba el báculo había un rostro, una mirada de rostro descompuesto y restos de esqueleto del cráneo visibles que parecían estar mirándole fijamente, a lo que intentó adelantarse antes de que la criatura, un Drust evocador llegase a atacarle. Sin embargo y pese a la rapidez de Lady Suzu, aquel Drust emergió del suelo helado en una gran explosión de restos de hielo hasta ponerse en pie, saliendo despedido el báculo de Hydrargiros algo más de su posición. Allí no les quedó otro remedio que enfrentarse a la criatura, quien llegaría a ser vencida gracias a la certera puntería de una joven arquera como Isa y al golpe final de Lady Suzu gracias a su guadaña, contra un enemigo que incluso incapacitado no dudó en seguir luchando pese a perder la movilidad de sus extremidades del lado derecho, guiado por la corrupción y el ansia de acabar contra los aventureros.
Finalmente, tras recobrar aliento victoriosos pudieron encontrar en la zona varios restos de interés en la zona, a la vez que algunos utensilios y evidencias. Iniciando el camino de regreso hacia Puesto de Arom con los hallazgos , tanto el erudito Maese Hydrargiros, como la joven Isa Ventura, quienes en su camino de regreso no dejaron de notar una presencia tal vez una entidad, o tal vez alguien que parecía observarles durante aquel regreso a la ciudad.
Mientras Lady Suzu y su escolta se separaron para avanzar hacia la frontera de Corlain… pero eso… ya sería otra historia.

Tras la necesidad por parte de la Orden de encontrar una nueva tripulación para su barco, La Doncella Errante, Amy Crane comenzó la búsqueda, decidiendo visitar la taberna local del Puesto de Arom, donde parte de los miembros de la Orden se habían establecido algunas pocas semanas antes.
En su visita a la taberna pudo encontrarse con gran variedad de personas del lugar, entre ellos el posadero Owens quien en un principio se mostró de cierto agrado pese a la condición de Amy como Continental. Sin embargo Amy acabaría interesándose por alguien apartado del resto, en una oscura esquina del salón de taberna, y no tardaron en llegar los desprecios, y habladurías sobre aquel maduro hombre desaliñado.
Pese a las advertencias del posadero hacia Amy de no tener contacto con aquel hombre, prefirió sacar sus propias conclusiones, desoyendo advertencias y malos comentarios y presentándose, llegó a iniciar conversación, la cual llegó a ponerse algo tensa por la intervención de un lugareño llamado Meric, quien llegó amedrentarse por las palabras del aparentemente desvencijado caballero con el que Amy había comenzado a iniciar conversación.
Si bien aunque en estado algo ebrio, aquel caballero mantenía la mente lo suficiente clara para tener una conversación totalmente lúcida, pero presentaba un aspecto famélico, sucio y desgarbado, cierta tristeza en su rostro y amargor. Amy logró que le revelase su nombre, el cual resultó ser, Jhon Pikerman. Tras una larga conversación pudo saber que era un marino, que hacía tiempo había dejado de ver la mar, tras perder a su tripulación.
Sin embargo tras un primer contacto, prefirieron continuar con una cena unos días más tarde bajo invitación de Amy, Sin embargo lo que sería una cena para dos, acabó siendo una cena para tres, debido a el ambiente algo tenso de la taberna por la disconformidad, de alimentar y darle conversación además de cierta simpatía hacia Jhon Pikerman por parte de la muchacha de cabellos dorados, y por la presencia incomodante debido a las peculiaridades de una camarada de la Orden que también había llegado al lugar para tomar un té. Finalmente ante la situación el propio Pikerman intervino haciendo que las dos muchachas cenaran finalmente con el.
Allí le amplió algunos detalles ya mencionados en su encuentro anterior y contó otros nuevos, relatando los hechos ocurridos del pasado
Al parecer, unos pocos años antes de la caída de Theramore, un vivandero que les proveía en ocasiones de encargos a realizar entre otras cuestiones, les ofreció llegar una carga, un misterioso artefacto contenido en una caja mágica, la cual requería no solo de deshacer los sigilos / cerrojos mágicos para abrirla, sino también la de una misteriosa llave que le fue a el, de entre los 18 valientes camaradas de una organización llamada. la Vanguardia Aurea, quien custodiaría la llave hasta la entrega en Theramore.
Sin embargo lo que para ellos no suponía un problema, debido a haber hecho al parecer la ruta otras veces, bajo discreción propia debido a lo que suponía un viaje a Theramore desde Kul Tiras por los sucesos propios de la Tercera Guerra, no tardaría en torcerse pese haber iniciado los preparativos y zarpado con viento a favor.
Sien embargo unos meses más tarde, aún a medio camino de la travesía, pese a que el tiempo era bueno y despejado una extraña niebla comenzó a acercarse desde la lejanía, y que habían pensado que podía tratarse de un banco de niebla común. Poco más tarde llegarían a darse cuenta de que no era así, gracias a una de los miembros de la tripulación, Aisha, una sabiomar que alertó de que algo no iba bien en aquella niebla, sin embargo, ya sería demasiado tarde.
Aquella niebla les obligaría desviarse a rumbo Sur-Oeste, sin embargo ni siquiera con los esfuerzos de aquella sabiomar pudieron escapar de la niebla que acabaría por alcanzarles iniciando una extraña tormenta rojiza mientras de entre la niebla se vislumbraron dos embarcaciones de velas negras al igual que el mismo color de su casco.
Ambos barcos intentaron colocarse a babor y estribor a cierta distancia, por lo que el Intrépido, de la Vanguardia Aurea, abrió fuego hacia ambos, pero fue en vano, dado que uno parecía una especie de ilusión, y el otro parecía contener los disparos con alguna especie de escudo.
Intentando otras estrategias finalmente el Intrépido intentó un abordaje, pero algo extraño ocurrió entonces, no vieron tripulación alguna y aquellos miembros de la Vanguardia Áurea que pisaban la cubierta en su asalto, empezaron a caer dormidos por el avance de una nueva niebla que avanzaba hacia el barco ahora enganchado al enemigo.
Jhon Pikerman intentó entonces correr hacia el timón desesperadamente pese a los amarres, pero una verga por los repetidos choques entre barcos lo lanzó fuera de la cubierta rompiendo la barandilla y cayendo al mar.
Al parecer mientras se sujetaba a los restos de madera, Pikerman pudo ver como llegaría hacerse el silencio en su embarcación mientras ambas se aleaban, y una extraña marca, una espiral, en el casco. del barco que finalmente iba junto al Intrépido, y a lo lejos lo que le pareció por Nazmir, consecuencia del desesperado intento de huida y cambio de rumbo por escapar de aquel fatídico banco de niebla.

Por suerte o desgracia Pikerman tras varios días en el mar, victima de la sed, y las quemaduras del sol, así como de resistir en aquellas aguas a la deriva y las criaturas marinas, fue rescatado inconsciente. Cuando logró recomponerse había sido llevado de regreso a Boralus en Kul Tiras, y recobrado el sentido dando explicaciones sobre lo sucedido exigió iniciar un rescate, cometiendo el error de nombrar la ruta a la que se dirigían. Fue entonces cuando alguien miembro de la Casa de Capitanes le condenó por traición e iniciar su entrada en prisión en Tol Dagor, no sin antes arrancarle la llave que custodiaba de su cuello, queriéndosela, arrebatándole del todo, cuanto tenía e impidiendo el rescate de sus camaradas, la carga, y llevándole a una lamentable vida a partir de aquel momento, hasta su salida de prisión, conocido por todos como un traidor, apartado de la sociedad y despreciado, abandonó Boralus hasta llegar a Puesto de Arom, donde ha vivido desde hace unos años entre restos de madera y lonas, en una chabola, apenas sin sustento, excepto la bebida de la posada bajo la mezquina consciencia de quienes al parecer también le conocieron algún día.
Finalmente Amy al llegar a cierto punto de su relato, le llevó a la casa donde el resto de camaradas de la Alta Torre se encontraban, para hablar más en privado y hacerle una proposición, que Pikerman, no dudaría en aceptar, y agradecer. La Alta Torre le ayudaría a iniciar la búsqueda de aquella misteriosa llave, para posteriormente iniciar la búsqueda de su tripulación, y el misterioso destino del Galeón – El Intrépido y su cargamento, del cual Pikerman reveló en privado a Amy y Marceline que se trataba de un artefacto perteneciente a un hechicero conocido como El Hechicero Ácrata.

Tras varias largas semanas en Drustvar, algunos miembros de la Orden se dirigieron tiempo después a la Hacienda Valarroyo, un lugar próximo a una aldea conocida como Albergue del Ocaso.
Sin embargo el panorama de Hacienda Valarroyo no pudo dejar indiferentes a los miembros de la Orden que decidieron establecerse allí. El lugar parecía totalmente abandonado, bajo una mezcla de signos de violencia en algunas de las casas, y a su vez envuelta en un aire de extraña oscuridad, no tardarían en darse cuenta debido a una serie de acontecimientos de que el lugar había acabado siendo presa de la intervención y maldición de unas brujas, pertenecientes a un Aquelarre, y del que al parecer asolaban la región.

Unos días más tarde hubo un acontecimiento inesperado, un viejo amigo bajo el nombre de Nagash, quienes muchos habían creido caido, llegó acomp
añado de Anna, de la Orden del Cuervo, y pese a la incredulidad de la propia maestra y otros que habían conocido el aparente destino del pasado, se alegraron de su regreso, ahora más necesario que nunca.

Tras varios encuentros con una de sus integrantes de dicho aquelarre, y de luchar contra sus rituales y conjuros, la Orden se vio forzada a abandonar el lugar, sin llegar a poder investigar por completo el lugar, si bien pudieron encontrar restos e indicios de la confección de sus rituales y recabar algunas evidencias y partes de las criaturas a las que debieron enfrentarse, además de poder interrogar a una de aquellas brujas. No obstante aquel periodo de tiempo establecidos allí permitió encontrar a uno de sus eruditos, Maese Hydrargiros en unas montañas
nevadas situadas al Suroeste de la Hacienda, donde también pudieron encontrar antiguas ruinas Drust en el interior de una caverna, junto a las investigaciones recabadas durante su viaje y estancia de Maese Hydrargiros.
Sin embargo la búsqueda y reencuentro de Maese no estuvo exenta de encuentros con criaturas de aquella extraña magia, a la que gracias a la ayuda del Caballero Nagash, Lady Suzu, Amy Crane, y Lady Aelara pudieron lograr acceder al lugar y posteriormente traer de vuelta a la Hacienda al erudito, uno de los principales motivos por los que habían regresado a Kul Tiras.
Finalmente, tras la destrucción de un extraño árbol de almas en los bosques cercanos de la Hacienda Valarroyo, en una lucha contra las brujas, y de la aparición de unos extraños cuervos blancos y arañas, fueron guiados por Martha, hacia el Puesto de Arom, donde acabaría uniéndose a la Orden, junto con otra aventurera unos días mas tarde.
En el Puesto de Arom, la orden llegó a un acuerdo estableciéndose en un edificio abandonado, que pudieron adquirir temporalmente bajo un precio.